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Junto con premiar las obras poéticas y narrativas precedentes, el jurado se hace un grato deber felicitar a cada concursante, de norte a sur del país, lo mismo que a la institución organizadora y sus patrocinadores, instándolos a persistir en su entusiasmo y repetir el certamen, recordando la sabia advertencia de Gabriela Mistral:
               “todo esfuerzo que no es sostenido se pierde”

 

 

 

José Luis Rosasco               Floridor Pérez                          Francisco Mouat
                                       Presidente del Jurado

 

 

PREMIADOS

Primer Premio

Categoría - POESIA

 Jorge González Pérez

 

EL CIEGO Y LA LUZ

                                                                 Autor: Sol Dado


Un impulso que no sé cómo explicarme, me hizo abrir de repente la ventana y una cosa inmaterial, desde mi cara, me echó a correr un fuego por la sangre.
-Soy la luz—me dijo susurrante, no te asustes solo quiero hablar contigo. Dudé mucho, pero al fin he conseguido vencer la timidez y desahogarme.
Yo sé que no me ves, por eso mismo, me intriga conocer qué te imaginas, cuando te habla de mí alguna amiga o me nombra, al conversar, algún amigo.
No me imagino absolutamente nada; solo escucho conceptos vagos que repito como loro. Lo visual para el ciego es un fenómeno que las palabras no despejan nunca el nudo.
-Sin embargo, entre los ciegos tengo amigos que suspiran con nostalgia al recordarme. Es curioso que no tengas qué contarme oh, ¿hay algo que tal vez yo no me explico?
-Mis ojos se apagaron muy temprano, dejándome sin luz y sin figuras, inerte frente al llanto y la locura., cuando aún no cumplía los dos años.
-¿Para ti seguiré siendo una quimera solamente porque no me puedes ver? —Si tú quieres que te llegue a conocer, hazte perceptible a los sentidos que me quedan.
La luz se convirtió en una doncella y era tanto el encanto de su ser, que le pedí que fuera mi mujer y enamorado me casé con ella.
(Se comprende el sentido del poema teniendo en cuenta que mi mujer se llamaba Luz)

 

Segundo Premio

Categoría - Poesía

 Lorenzo Morales Lobos

 

                  PARA ALBA MANRÍQUEZ.

 

Alba, tendiste tu mano a mi ceguera

Y a todos los guerreros sin luz.

Con enjambres de menudos milagros,

satisfacías nuestro apetito intelectual.

Sonriendo te ocultabas,

en un balcón con cerraduras.

Anidabas el derecho a volar,

haciendo un ovillo con la suerte.

Tú, escritorio con oídos

para todos; la casa siempre abierta

tu tiempo; un reloj sin agujas,

resistiendo garrotazos de soledades,

liberabas los extravíos de los demás.

En la escalera del silencio

tus náufragos de la soledad

arrullaban en secreto

aislando al amor de tus sueños

mientras, la escondida llama

se ocultaba de los ojos del pan.

Por la escalera del adiós

el silencio blanco de la muerte

con hambre de arrasar todo,
se descolgó silente por la noche

inundando tu interior

como un sueño sudoroso de espinas,

ahogando tus alegrías,

negándote la vida.

¡No permitiré!

Que alguien interponga la muerte entre nosotros

¡Que se alejen los intrusos!

Que se aparten los incapaces

aquéllos que no reían con ella.

No, no permitiré a los tristes

que sobre esa silla vacía y muda

pongan una piedra sin memoria

ni que pongan espejos ni escaleras

¡No!

No digáis que descansa

en el reflejo inalcanzable del infinito

como un humano sin ilusiones.

¿Quién cree en la muerte y se entrega?

 

 

 

Mención Honrosa
                                  
Maikol Soto Gallegos

 

EN LAS PUERTAS DEL FUEGO

La noche es cómplice en mi obsesión libertaria,
en mi deseo por tus lugares esclavizados,
es cómplice cuando busco tu aroma entre el humo,
cuando quiero sumergirme en tu humedad para entrar en tu piel,
y liberarte de tus envoltorios estéticos,
de tu ropa de días y noches de soledad,
cuando quiero escucharte desnuda, cuando quiero sentir que tu calor llena los espacios,
después de mis confesiones de otoño,
sobre el mantel crujiente de mis sueños,
o en mi cama gastada por historias infértiles.
Vengo a desmenuzar tus pretensiones de abandono, a rasgar las telas que te separan del viento,
para que tus ojos ardan en mis manos,
y la humedad de tus labios suavice mi belleza,
esa belleza mía que se esconde detrás de la luna,
esperando la excitación adecuada en la oscuridad.
Estoy dispuesto a conocer el misterio que guardas en tu carne,
a descifrar la melodía que despliegas en el aire, luego de algún crepúsculo agitado en la espesura de la niebla,

 

mientras el rocío penetra el cemento del espacio,
o dejando que la madera perfume la escena grotesca,
guardando restos del sudor en su memoria combustible.
Me niego a ser solo un espectador de esta eventualidad,
niego las posibilidades de mantenerme ajeno,
deseo disfrutar los atributos de esta aventura,
sonriendo cada vez que abras la boca,
dejándote mirar a través de la ventana,
hacia la huella de la aurora perdida,
bajo el círculo de la luna.
Voy a definir tus límites,
a transformar tus paisajes,
a grabar nuevos signos en tu memoria,
para cumplir con la promesa tácita del placer,
desafiando en el silencio al animal delante de la luna,
quebrando espejos,
destruyendo ilusiones,
porque llegaré a la extremidad de tu sueño,
donde comienza el sonido.

 

 

 

 

 

Mención Honrosa

Ximena Alicia Escudero E.

 

Siglo XXI

 

Hace tiempo no tenemos Luna Nueva
Salí de la ciudad
sin. palmas, sin hosannas
mi asno llevaba la cabeza gacha
las orejas idas
y yo, la garganta arañada de versos.
La turba que dejé atrás
era presa de febriles ilusiones
alucinaciones febriles
en  un paisaje de fríos pavores
Subí    la montaña
escuché un rumor de piedras
las huestes del nuevo Atíla
lo arrasaron todo
hasta la nobleza, de los elementos
ya nadie espera la muda de la piel
Eros se agita entre sábanas sucias
y los días se envuelven en papel moneda
desnuda quedé en  el vértigo del abismo
temblando de ignorancia
en sus orillas    
¡No quiero que el camino me devuelva el regreso!
-Necia- dijo el halcón - aquí -no es tu tiempo
Mira que las flores todavía resucitan
Mira que el aire juega
a cambiar de color
Vete, todavía perteneces a  los hombres
De vuelta al sendero
y    con  nueva luz
Volví
Me llamaron maldita entre los otros
Aleluya
Mi nombre es poeta.

 

 

Mención Honrosa

María Avalos Moya

 

                                 MI PERRITA VERA

Aún recuerdo el frío que sentí
Esa calurosa mañana de Enero,
Ellos ya estaban allí
Y que mi niña  iba
Era lo único certero,
Ella que me brindó tantas alegrías
Ella que me guió por tantos senderos.
No recuerdo cuantas veces recé el Padre nuestro,
Procurando mitigar la más profunda de mis penas
Las lágrimas me inundaban el rostro
Mientras el letal líquido inundaba sus venas.
En aquel patio se oyó el eco de mi llanto
Muchas manos me acariciaban como un gran manto.

La mejor opción es la eutanasia
Había dicho el doctor
Para ella un alivio,
Para mí una desgracia,
Pero también el más grande gesto de amor.
El corazón martillándome el pecho,
no encontraba la calma
ya pasó, ya está hecho
pues desde su reposado cuerpo había brotado su alma.

Su alma que ahora tiene el esplendor de la primavera,
Su alma que por el edén juega, ladra y corre a toda prisa,
Su alma que se hace presente en una cálida brisa
Su alma que es así,
Tal como era mi amada Vera

 

 

Primer Premio

Categoría – CUENTOS

Sharon Retamal Meléndez

 

¿RE_ENCUENTRO?

El reloj marcaba las 6:20. Le quedaban 40 minutos para llegar al lugar en donde se verían.
Recogió su cartera y salió a la calle. Después de caminar unos pasos hizo parar el primer taxi que se asomó. Le dio la dirección al chofer y al acelerar ella miró por la ventana.
Se había puesto un abrigo largo para verse más grande, más alta, más mujer. Y como era típico en ella, llegaría mucho antes que él. El auto se detuvo y después de pagarle al conductor, ella se dirigió con paso decidido al pequeño restaurante.
Al entrar se detuvo en el umbral y vio un montón de mesitas adornadas con pequeños ramilletes de flores. Pero en ninguna estaba él. De repente,   lo encontró en un rincón, sentado en la mesa más apartada leyendo el diario. Ella caminó despacio entre las mesas hasta llegar a donde él se encontraba. Cuando él se percató de que lo observaban, levantó
la cabeza y al verla, inmediatamente se puso de pie.
Ella no esperó ningún beso en la mejilla como saludo, ni un apretón de manos y se dejó caer en la silla más próxima. Él la imitó. La tensión era palpable en el ambiente y ella lo miraba como si lo viese por primera vez, mientras que él la miraba añorando viejos recuerdos, vidas pasadas.
Fue ella la que habló primero.
"¿Como estás?" Dijo, tratando de adoptar un tono despreocupado.
"Muy bien, gracias", -respondió él-.
"Si, bien es como se te ve"-acotó ella-.
"Estás más grande. ¿Estudias?"-preguntó él con tono de asombro-
"Claro" -contestó ella azorada- "pero háblame de ti, de tu vida, por favor"
"Me ha ido bien"- contestó él. Pero ella no quería saber lo bien que había estado él lejos de
ella.
"¡No!", exclamó ella en voz alta.
"¿No qué?"-preguntó él-.
"No quiero saber de eso. Quiero saber ¡¿por qué te fuiste, por qué me dejaste?!"
A ella, en medio de la soledad, esas dos preguntas la atravesaban como un hierro caliente cada vez que se las hacía.
Él no contestó nada, no tenía nada preparado para decir. Pero desde que la había dejado sabía que algún día tendría que responderlas.
"No lo sé" dijo, finalmente. "Lo importante es que estoy de regreso."
"¿Verdad no lo sabes?". Un tono de decepción se notaba en la voz de ella. "Solo sé que te amo", respondió él en voz baja.
"No, nunca me amaste", dijo ella muy segura de lo que hablaba. "Tú no estuviste cuando más te necesité". No sabes lo que sufrí cuando me abandonaste" "Sí lo sé", respondió él. "Me lo hiciste saber en tus cartas".
"¿En mis cartas?" Preguntó ella, algo perpleja. "Pero si nunca te mandé carta alguna" "Sí, nunca las mandaste pero si las escribiste" dijo, divertido por la expresión de ella. Ella inmediatamente recordó la cajita de madera que escondía en su ropero, la que tenía un montón de cartas para él, pero que nunca había mandado.
Un escalofrió recorrió su espalda y las palabras escritas en esa ultima hoja de cuaderno hace 2 meses saltaron a su memoria; palabras, que le enterraban un puñal una y mil veces, palabras en donde lo mataba para así no poder recordarlo más y no llorar, no botar lágrimas por aquel hombre que desde que se había marchado hace 5 años no había dado señal de vida alguna, excepto una que otra tarjeta de cumpleaños.

Y lo odiaba por eso, por hacerla sufrir a pesar de todo el amor que sentía por él, a pesar de todo aquel tiempo sin noticias, sin palabras de aliento.
Sólo necesitaba escuchar de sus labios que era lo que había pasado. Apretó fuertemente los puños hasta sentir sus uñas enterradas en sus palmas. "No son tuyas" dijo al fin, dando un suspiro.
"Claro que lo son", respondió él. "Las escribiste para mí, por lo tanto también son mías". "Bueno, ahora eso no es lo importante" replicó ella, enfadada. "¿Me dejarás nuevamente?, ¿te irás otra vez?".
"Ya nunca más, te lo prometo" dijo él, al mismo tiempo que alargaba su mano para tomar la de ella.
Pero antes que la tomara, un mozo dijo:
"Señorita, bienvenida. Perdón por la tardanza. ¿Qué le gustaría servirse para tomar?"
O le traigo lo mismo de siempre?
Ella miró su reloj. Eran las siete y veinticinco.
Y su padre nuevamente no había asistido.
Sacó del bolsillo una tarjetita arrugada en la que se podía distinguir una caligrafía muy ordenada, y moviendo la cabeza negativamente leyó: te espero el día 15 a las 7 de la tarde en el restaurante.
Miró al mozo tristemente y le dijo: "no, gracias Tom esta vez no tomaré nada"
Y levantándose de su asiento, tomando su abrigo y su cartera salió a la calle, mientras dejaba a las mesitas y sus ramilletes de flores atrás.
Se dijo para si: "No te preocupes papá que vendré todas las veces que sean necesarias, aunque se te haya olvidado especificar en la nota en que mes y que año querías verme".
Fin

Segundo Premio

Carlos Ulloa Asencio

 

                             COMPAÑEROS DE LAS ALTURAS


Mi padre gran parte de su vida trabajó en el esforzado rubro de la construcción, estando en casa, jamás lo escuche decir una grosería o una palabrota a pesar de trabajar en un oficio donde este lenguaje es cotidiano, sin duda un ambiente solo de hombres rudos. La mayoría de sus compañeros con escaso nivel de estudios y una muy baja instrucción. Quizás por esto, cada cierto tiempo me buscaba, y luego de sentarme en sus rodillas, contaba historias de su trabajo que resultaban ser muy entretenidas, algunas veces, estos relatos se tornaban trágicos y misteriosos y, es que los accidentes en este mundo donde mi padre habitaba eran aislados, pero cuando llegaban, el soplo de la muerte recorría toda la obra, hurgueteando todos los rincones y escondrijos hasta encontrar su víctima ,y apuntando con el hueso de su mano cobraba la vida de aquel hombre escogido cubriéndolo con el último y el mas oscuro de los velos. En sus rodillas me conversaba de lo difícil que era vivir la vida con un salario de obrero, mientras decía esto me pasaba sus grandes y bondadosas manos por el cabello, intentando peinarme con improvisados movimientos, mientras proseguía con su charla se animaba y siempre terminaba diciendo con rigurosa formalidad que su sueño era que su hijo rompiera el círculo de la pobreza y que yo tenía cómo destino ir a la Universidad, pues esperaba que yo fuera mucho mas que el en la vida, para eso el trabajaba, siempre pensando en mi futuro. Aquellas palabras siempre las mantuve en mis pensamientos, hasta el día de hoy, no quería, fallarle al viejo. Por eso en respuesta a su increíble resolución, me propuse demostrarle con hechos que yo estimaba su gran esfuerzo y no cejaría hasta cumplir el anhelo acariciado tantos años por él, por mucho tiempo, esta situación la conversamos mi madre y yo, ella me daba fuerza, me alentaba, y repetía con sus propias palabras la importancia de la educación en cada individuo, llegamos a formar una alianza, de ahí en adelante sería figura clave en mi larga carrera de estudios.
El  tiempo avanzaba muy  rápido, yo crecía y/ mi padre envejecía, al verlo desde lejos llegar a casa y darme cuenta que aquel hombre bueno ya no era el mismo, redoblé con mayor fuerza mis estudios para obtener uno de los puntajes más altos de aquel año en  la  PSU La Universidad Católica me otorga la beca crediticia Padre Alberto Hurtado, la cual disponía pagar solo el diez por ciento del total de la carrera, en la facultad de Derecho, ya que mi sueño era ser abogado. Aquella noche le conté a mi padre lo sucedido sin hacer gesto alguno rodaron dos lagrimas por su cara, me estrecho con un fuete abrazo y me dijo cuanto me amaba, así era mi padre.
Cierto día, Jaime Rodríguez Profesor de Derecho Romano me dijo que había recibido un llamado en el cual le indicaban que mi padre había tenido un accidente que no habla sido grave pero que debía volver a casa para poder estar a su lado. Rafael Infante, mi mejor amigo de Universidad me llevo en su automóvil lo mas rápido que pudo, entré; corriendo, para tropezarme con mi madre, de una sola vez le hice de tres a cuatro  preguntas, ella con pausa cancina me indico que todo estaba bien, y que el accidente lo había tenido su compañero de trabajo, llamado Ariel, el cual, a esta hora yacía muerto en el Instituto Medico Legal, Agrego que mi padre, moral y anímicamente estaba destrozado, ya que aquel joven llamado Ariel extrañamente tenía la misma edad que yo Entré en la habitación de mi padre, estaba acostado encima de la cama con ropa pero sin zapatos, encima de un velador junto a una lámpara, una taza de agua caliente con ruda llenaba con su fuerte aroma el cuarto. Al verme entrar esbozó una leve sonrisa que desapareció de inmediato, estiró su mano derecha, la misma que intentaba peinar mis cabellos cuando yo era un niño, me arrodillé junto a su cama para abrazarlo con fuerza, besé su rostro surcado, por las arrugas del tiempo, en aquel momento volví a ser aquel niño que sentaba él en sus rodillas, "Dios mío cuanto amaba a ese hombre", sin saber la causa o el motivo ambos lloramos como niños, sentí el ardor de su pena, la que hice mía. No supe cuanto tiempo estuvimos abrazados en el dolor, cuando estuvo sereno, me dijo lo siguiente:
-Hijito, te contaré una historia que desangra mi corazón, gracias a tu esfuerzo y empuje tu jamás pasaras por esto, a tus 24 años la vida te sonríe. Hijo mío corno quisiera que otros jóvenes tuvieran tu suerte, nunca olvide, que los hijos son el mayor premio de tu vida, el título de padre no se merece, mas bien se gana con respeto y amor. Ahora escucha mis palabras ya que es el corazón el que relata esta historia...
Esta mañana, al bajar del bus, las tres cuadras que me separaban de la obra, no eran obstáculo para apreciar la imponente y soberbia figura que se alzaba por sobre todas las casas de aquel sector de Vitacura. El edificio ya contaba con 18 pisos de obra gruesa, el incipiente piso 19, con sus encofrados $e metal y madera daban paso a largas estructuras de gruesos   hierros, donde muros, pilares y machones apuntaban hacia el cielo, en una ferviente plegaria infinita.
Al llegar a la, obra, el viejo portero, se calentaba con una taza de café caliente sus grandes  y arrugadas manos.
-Buenos días Anselmo ¿como amaneció?
-Buenos días Carlos, creo que mejor que ayer, usted sabe Carlitos que yo soy como el vino, mientras mas añejo, mas fragancia, cuerpo y sabor;
-Bueno Anselmo luego nos vemos, la vanidad no es buena antes del desayuno, chao.
-Chao Carlitos, que le aproveche.
El aroma a tostadas, café y queso derretido se fundían con animadas
conversaciones en el habitual desayuno en la pieza de los jornales, como
siempre el fútbol y las mujeres bonitas eran los temas principales que
generaban largos y divertidos debates que nunca parecían tener fin.
En una esquina de la pieza, leyendo como de costumbre Ariel se escapaba del mundo y de todo lo establecido, hacía ya 4 meses, que el trabajaba conmigo en las alturas de los andamios donde la vida depende de la sangre fría y una cuerda de seguridad, Al principio Ariel sentía miedo, pero poco a poco le fui quitando todos sus temores, dándole confianza y amistad. llegó a tal extrema su seguridad en las alturas que incluso me atrevo a decir que me superó en osadía.  Yo admiraba mucho a este muchacho, poseía una fantasía sin límites, estaba lleno de imaginación, era un gran artesano, sus trabajos en madera eran realmente portentosos.
Los baúles, arcas y cofres que el fabricaba parecían venir de un pasado lejano, las tinturas barnices que tenían sus trabajos brillaban con luz propia, realmente su talento era singular A pesar de sus 24 años, Ariel era una persona muy sabia, siempre se preguntaba el porqué de las cosas no transaba sus ideas, muchas veces se enfrascaba en discusiones de profundos contenidos y no siempre era comprendido, solía ser duro ante la injusticia  y  muy  sensible al dolor de los más débiles.  Creo, que solo con el me sentía a gusto; por eso hoy, cuando Ariel cayó del piso 13 y el reloj del viejo Anselmo mareaba las 11 de la mañana, algo de mí también cayó en la fría loza de hormigón.
Carpinteros, albañiles y ayudantes rodearon el maltrecho cuerpo aniquilado. La confusión y el griterío se apoderaron de la faena, nadie entendía el porqué del fatal accidente, cuando logré llegar hasta él todo mi cuerpo temblaba, y el dolor que venía del alma invadió todo mi ser. De rodillas me puse a su lado, tome sus manos ya frías y silentes, su rostro era de una paz conmovedora; lloré, lloré, y lloré, como nunca jamás lo había hecho, apretaba su cuerpo como queriendo darle vida.
Sentí el ferroso olor de su digna y juvenil sangre, Maldije a todos los dioses del Olimpo, por  haber arrebatado la vida a tan noble amigo.
Pancho el enfierrador, me consoló diciendo, que ya no sentía dolor ni sufrimiento, y que descansaba en un lugar mucho mejor que la tierra. Me volví a mirarle la cara y Anselmo lloraba junto a el.
Hoy me vine temprano y con un dolor que traspasaba mi alma, al volver la vista atrás las tres cuadras que me separaban de aquel coloso de fierro y hormigón, algo en mí ser me dictó no buscar culpables ni errores. La construcción es peligrosa, todos lo sabemos, cuando salimos en la mañana, solo Dios sabe si lograremos volver con vida a la calidez del
hogar.
Ahora cada vez que me suba a los andamios no tendré temor alguno, se que por extrañas y misteriosas razones, en lo alto del gran edificio del cielo, tu estarás velando y cuidando por mi vida, Ariel yo jamás te olvidare mi querido amigo, te quiero mas que nunca.
Que Dios te bendiga.
Adiós Ariel, Compañero de las alturas.
En aquel momento comprendí que mi padre tenía cosas que aún yo no conocía, supe entonces que este hombre guardaba tanto amor en su corazón que era. Capaz de compartir el dolor de los demás como si fuera propio,,.

 

 
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